Cualesquiera que sean mi estilo de vida, mis responsabilidades, mi trabajo o mis pasatiempos, necesito y merezco tomar vacaciones para apartarme de la rutina. Tal vez sea sólo disfrutar de un tiempo en el hogar, o un fin de semana en un retiro espiritual. Un viaje al océano puede regocijar mi espíritu. Al visitar otra cultura o país puedo expandir mi mente.
Cuando dedico tiempo a la exploración y la renovación, invierto en mi bienestar, dejando tiempo para recargarme espiritual, mental y físicamente. Una pausa en mi rutina normal me provee nuevas ideas, guía divina hacia las metas. Descubro un nuevo modo de obtener, servir y de cuidar de otros. Las antiguas rutinas abren paso a sendas nuevas y adicionales de exploración y expresión.
Doy gracias a Dios por la oportunidad de trabajar y jugar, de renovarme y sanarme.
“Jehová le dijo: —Mi presencia te acompañará y te daré descanso.”—Éxodo 33:14


Posteado en 




Amen! y gracias por dedicar un espacio a la palabra diaria. estoy considerando hacer lo mismo en mi blog!