En honor de aquellos que se han ido antes que yo, dedico parte de este día para recordarlos. Al reflexionar en su fortaleza de espíritu, amor y valor, continúo recibiendo inspiración de sus vidas y aprendiendo de sus ejemplos. Contribuyeron a las vidas de otros de un modo único y significativo.
Esos seres queridos han dejado una impresión perdurable en mi mente y corazón. Soy bendecido cada vez que tengo la oportunidad de compartir un recuerdo de ellos o entender un poquito de la sabiduría que me cedieron.
Como mi consolador permanente, el espíritu de Dios trae paz a mi corazón. Con paz, al pensar en mis seres queridos, los honro con mis recuerdos y mi amor.
“Entonces claman a Jehová en su angustia
y los libra de sus aflicciones.
Cambia la tempestad en sosiego
y se apaciguan sus olas.”
—Salmo 107:28-29


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