Aunque no esté inscrito en una clase o en un programa de licenciatura, siempre estoy participando en la escuela de la vida. Aprendo algo nuevo y de valor cada día.
Con Cristo como mi Maestro, avanzo con seguridad. El espíritu del Cristo es mi sabiduría en todas las circunstancias, y lo que es realmente importante es que utilizo la comprensión dada por Cristo en mi vida diaria.
No aprendo simplemente lo que otros me enseñan, aunque valoro sus conocimientos y voluntad de compartir y aconsejarme. Aprendo verdades que resuenan en mi alma. Crezco en estatura como un ser espiritual que usa la sabiduría divina tanto en los salones de clases tradicionales como en las oportunidades que la vida me ofrece cada día.
“Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo necesario, abundéis para toda buena obra.”—2 Corintios 9:8


Posteado en 



