Cuando pienso en las personas que han tenido una influencia positiva en mi vida, quizás recuerde a alguno de mis abuelos. Tener abuelos es una bendición y ser uno provee gran gozo.
Bien sea biológicamente o por elección, ésta es una relación personal única. Los abuelos comparten su tiempo y su sabiduría, e infunden un sentimiento de estabilidad en sus familiares.
El afecto incondicional de los abuelos semeja al sublime amor de Dios. Así como los niños pueden confiar en el cariño de sus abuelos, del mismo modo yo puedo confiar en el amor de Dios. El amor divino es mi ancla, mi roca, mi seguridad y mi protección.
“Miren cuánto nos ama Dios el Padre, que se nos puede llamar hijos de Dios, y lo somos.”—1 Juan 3:1 (Versión Popular)


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