Si me encuentro en una circunstancia difícil, recuerdo revisar mi percepción de ella. Mi fe no yace en el problema ante mí sino en Dios. Durante una sequía, las raíces de los árboles se profundizan aun más para llegar al agua. Del mismo modo, en tiempos de aparente dificultad, mi fe se profundiza según busco vincularme con Dios.
Fomento mi fe al enfocar mis pensamientos en la poderosa protección de Dios y en Su amor infinito. Siento el amor divino en mí y a mi alrededor. Veo cualquier situación difícil con ojos nuevos y mi ansiedad desaparece. Dejo atrás el reto con gracia y facilidad.
Mi fe en Dios es fuerte porque sé que Su presencia serena y amorosa me envuelve siempre.
“He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.”—2 Timoteo 4:7


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Esa palabra de ayer me vino como anillo al dedo!!…HERMOSA REALMENTE!!
la berdad es que felicito su excelencia de seguir promulgando el reyno de dios es algo que debe ir siemopre en extencion a eso dios nos llama y creo que es la llave de la salvacion como que cristo esta vivo y resucitado