Quizás no me sienta seguro de qué hacer o qué camino tomar en una situación en particular. En momentos como éstos, oro y abro mi corazón al espíritu de Dios. En oración, descanso, dejo ir y confío. Dejo los detalles —el cómo y el cuándo— a Dios. Enfoco mi atención en el aquí y el ahora y afirmo: “Esto o algo mejor, Dios.” Mi tarea es confiar en que el Espíritu en mí me ha de guiar. Al hacerlo, siento paz. Mi corazón y mente son fortalecidos.
Confío en Dios y sé que el resultado será algo mejor de lo que pude haber imaginado para mí o para mis seres queridos. En lo profundo de mi corazón sé que, verdaderamente, todo está bien.
“Dios es el que me ciñe de fuerza, quien despeja mi camino.”—2 Samuel 22:33


Posteado en 



